Motivos del corazón para alabarte

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Te alabamos, Señor, porque ni la fuerza de los poderosos, ni las redes de los tramposos, ni las razones de los técnicos, ni el dinero de los ricos, ni la seducción de la publicidad, ni las manos de los jefes, pueden ahogar la fuerza de la libertad que nos viene de ti.

Te alabamos, Señor, porque nuestros planes bien trazados, nuestros títulos largamente acariciados, nuestros puestos de prestigio, nuestras opciones radicales, nuestras palabras y proyectos, no pueden detener el futuro de la esperanza que nos viene de ti.

Te alabamos, Señor, porque ni la familia con su ternura y sangre, ni la comunidad con sus ilusiones, ni la Iglesia con sus necesidades, ni la sociedad con sus ambigüedades, ni las amistades aunadas, ni las relaciones más ricas, ni las voces de los que nos quieren logran atrincherarnos en refugios cálidos y seguros.

Te alabamos, Señor, porque en nuestra debilidad Tú eres nuestra libertad, nuestra esperanza y nuestra única seguridad.

Martes 22

Orar-oraciones-biblia

Orar es buscar a Dios. Si. Y no siempre lo tenemos claro, porque muchas veces nos buscamos a nosotros mismos.
La oración exige limpieza de corazón, sinceridad y transparencia.
Ninguna relación verdadera puede establecerse entre un yo falso y Dios. Mucho menos si también nuestra imagen de Dios es falsa.
Para adentrarse en la oración es necesario quitarnos las máscaras. ¿Cómo vamos a ir disfrazados al encuentro con Dios?
Ante él no necesitamos ocultar nuestras heridas o nuestro desorden. “Él sabe de qué estamos hechos, se acuerda de que somos barro” (Sal 103, 14).
Desde esa verdad nos abrimos a él: “Señor tú me sondeas y me conoces” (Sal 138, 1).

Lunes 21

CORAZÓN HERIDO

Quien intenta desentenderse del amor se dispone a desentenderse del hombre en cuanto hombre.

Siempre habrá sufrimiento que necesite consuelo y ayuda.

Siempre habrá soledad.

Siempre se darán situaciones de necesidad material en las que es indispensable una ayuda que muestre un amor concreto al prójimo.

Es el amor lo que alivia los corazones heridos, solitarios, abandonados.

Es el amor lo que crea la paz o la restablece en el corazón humano y la instaura entre los hombres.

 

XX Domingo del Tiempo Ordinario: Mujer, qué grande es tu fe. (Mt 15, 21-28)

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Abrir las fronteras, abrir los corazones, y no despreciar a nadie por ser diferente es la gran lección del evangelio de este domingo. Ante Dios no hay nadie diferente. Todos estamos necesitados de salvación, de perdón, de reconciliación. Todos somos hijos e hijas. Y Dios nos sienta a su mesa, como hijos que somos, porque en ella hay sitio para todos. Reconocer a las personas que, cerca de nosotros y de muchas maneras diferentes, gritan como la cananea: “Ten compasión de mí”, acogerlas y sentir con ellas, compartiendo lo que somos y tenemos, es nuestra misión como discípulos de Jesús. Así vamos preparando ya ahora el gran banquete del Reino al que Dios ha invitado a toda la humanidad.