Retiro de Adviento.

VELAS DE ADVIENTO

Este sábado nuestra comunidad se reúne para celebrar el retiro de Adviento. Lo celebraremos mediante la eucaristía y el silencio.

Muchos de vosotros habéis escuchado la palabra Adviento muchas veces, pero quizás no sepáis lo que esta significa. La palabra Adviento procede del latín advente, que significa «espera» o si utilizamos la palabra Adventus Redemptoris, «la espera del redentor».

El Adviento son los días anteriores hasta la llegada de nuestro salvador, su nacimiento. Durante esta espera, los cristianos nos preparamos personalmente para esta llegada, preparando nuestro espíritu y nuestro corazón.

Para los que siguen la liturgia, ahora es el momento del encendido de la corona de adviento. Consta de cuatro velas, una de color rosa y las otras de color morado. Una para cada domingo. Los dos primeros domingos son para el color morado, la vela rosada se enciende el tercero y el cuarto otra de color morado.

Todas estas velas aparecen dentro de una forma circular, que suele estar adornada por ramas o detalles verdes. La forma circular recuerda el amor que Dios tiene por cada persona, un amor que no tiene ni principio ni fin. El color verde es el ambiente que rodea la vivencia del Adviento: la esperanza por la venida de Jesús.

La vivencia del Adviento tiene dos partes. Los dos primeros domingos, la liturgia invita a la reflexión sobre la venida final de Cristo al mundo. Los dos últimos tratan de la cercanía a su Nacimiento.

Si te gusta  seguir la liturgia, te invito a que leas el pequeño libro de Ianire Angulo, Lectio divina para tiempos fuertes Adviento. Si no sigues la liturgia y eres un alma libre en el Señor, te invito también que durante la espera del Señor, reflexiones durante estos días lo que significó para todo nosotros el nacimiento de Aquél que todo lo hizo nuevo.

Te animamos a que leas la bíblia durante estas fechas, 2 Timoteo 3:16:

Todo lo que está escrito en la Biblia está inspirado en el lenguaje de Dios, y es útil para enseñar a la gente, para ayudarla y corregirla, y para mostrarle cómo debe vivir.

Taller sobre María Magdalena.

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http://www.magdala.org/es/2018/03/quien-es-maria-de-magdala/

¡Estamos de vuelta!

De la mano experta de María Cristina Inogés Sanz, hemos descubierto aspectos de la figura de María Magdalena que se nos escapaban. Algunos de nosotros, con la comunidad de la CAFA, de su mano y mediante una mirada limpia, escrutadora del significado de las palabras mil veces leídas, ahora nos hemos detenido por unos momentos para repensar y escuchar lo que realmente nos quería decir el evangelista con sus palabras. No eran palabras nuevas, siempre han estado ahí, pero durante estos días hemos llegado a reaprender lo que pensábamos, sabíamos. Hemos podido escuchar la voz de María de la mano de otra María, se lo agradecemos en el alma.

Como comunidad hemos disfrutado de tres días en armonía, con momentos de profundas reflexiones, pero también de momentos divertidos.  Como bien nos recomendó Jesús, pues donde se reúnen dos o tres en mi nombre, yo estoy allí entre ellos (Mateo 18:20). Podemos decir que si, Si, hemos podido sentir su presencia entre nosotros. Lo hemos podido percibir por medio del amor que la comunidad entera se profesa.

¡Gracias Cristina! Gracias por estos intensos días acompañando a esta humilde congregación.

Gracias hermanos de la CAFA, por hacer tantos sacrificios económicos y de ese tiempo tan precioso para venir hasta nuestra ciudad, desde vuestras comunidades.

Gracias Señor, por tener tanta paciencia con nosotros.

 

https://twitter.com/crisinogessanz?lang=es

 

 

 

3 de julio: Tomás, apóstol


¡Señor mio y Dios mio!
Jn 20, 24-29

Siempre que he contemplado el bellísimo cuadro de Caravaggio “La duda de Santo Tomás”, me he preguntado si el apóstol realmente se atrevió a meter su mano en el costado de Cristo y sus dedos en los agujeros de los clavos, o, quizás más bien, sonrojado por la vergüenza, cayó postrado adorando a Jesús vivo y presente delante de él, confesando como nos dice el Evangelio. “Señor mío y Dios mío”.

Sea lo que fuere, más me parece Tomás un buscador incansable, que quiere certezas, que busca llegar hasta el fondo de la realidad y que su fe sea razonable, que un incrédulo en el sentido estricto de la palabra.

Y además, aunque este apóstol se ha convertido en prototipo de todos los que dudamos o somos incrédulos, creo que tenemos que darle las gracias, pues arrancó del Señor la bienaventuranza que alcanza a todos los que, fiados en su testimonio, hemos creído en el Señor Jesús sin haber visto o tocado.

Por último, me gustaría llamar la atención sobre lo que me parece la realidad profunda de este Evangelio de hoy: la Encarnación de Jesucristo es real, Jesús Resucitado no es un fantasma.

De qué manera tan sutil pero tan plástica, el evangelista, el discípulo amado, dirige nuestra atención al costado, las manos, el tocar, todo se hace tangible. Lo hizo en la última cena, pues él mismo recostó su cabeza sobre el pecho de Jesús; lo hizo en el Calvario, relatando el hecho del costado traspasado, “el que lo vio es el que da testimonio y su testimonio es verdadero, y lo que dice es verdad para que también vosotros creáis”; y lo vuelve a hacer al final de su Evangelio, culminando todo el proceso con esa confesión de fe, la más perfecta si cabe de todo el Evangelio, de Tomás, el “incrédulo”: “Señor mío y Dios mío”, palabras que nos recuerdan el comienzo del prólogo: “La Palabra estaba junto a Dios y la Palabra era Dios,… se hizo carne y acampó entre nosotros”.

Por este Jesús, Hombre y Dios, dieron la vida los apóstoles y así se convirtieron en fundamento de nuestra fe.

 

In memoriam…

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Me han arrancado la paz,
y ni me acuerdo de la dicha;
me digo: «Se me acabaron las fuerzas
y mi esperanza en el Señor.»
Fíjate en mi aflicción y en mi amargura,
en la hiel que me envenena;
no hago más que pensar en ello,
y estoy abatido.
Pero hay algo que traigo a la memoria
y me da esperanza:
que la misericordia del Señor no termina
y no se acaba su compasión;
antes bien, se renueva cada mañana:
¡qué grande es tu fidelidad!
El Señor es mi lote, me digo,
y espero en él.
El Señor es bueno para los que en él esperan
y lo buscan;
es bueno esperar en silencio
la salvación del Señor.

Lam 3, 17-26

A nuestra hermana Silvia que acaba de dejarnos…
Un fuerte abrazo Rubén