Martes VI del Tiempo Ordinario

Mc-814-21
Evitad la levadura de los fariseos y de Herodes
Mc 8, 14-21

En mi miedo, tu seguridad.
En mi duda, tu aliento.
En mi egoísmo, u amor.
En mi rencor, tu misericordia.
En mi “yo”, tu “nosotros”.
En mi rendición, tu perseverancia.
En mi silencio, tu voz.
En mi ansiedad, tu pobreza.
En mi tempestad, tu calma.
En mi abandono, tu insistencia.
En mi dolor, tu alivio.
En mi debilidad, tu fuerza.

José María Rodríguez Olaizola

Domingo VI del Tiempo Ordinario

1.-6-TO
Bienaventurados los pobres. Ay de vosotros, los ricos
Lc 6, 17-26

Ahora, Señor, voy a cerrar mis parpados; mis ojos ya han cumplido hoy su oficio.
Mi mirada ya regresa a mi ama, tras haberse pasado durante todo el día por el jardín de la humanidad.
Gracias, Señor, por mis ojos, ventanales abiertos sobre el mundo.
Yo te pido en la noche, que mañana, cuando abra mis ojos al claro amanecer, sigan dispuestos a servirte.
Haz que mi mirada sea siempre recta, que nunca sea una mirada decepcionada, desilusionada, sin esperanza, sino que sepa admirar, extasiarse, contemplar.
Da a mis ojos el saber cerrarse para hallarte mejor, pero que no se aparten del mundo por tenerle miedo.

Michael Quoist, 1918-1997

Feliz domingo

Jueves V del Tiempo Ordinario

68496383fc031abb1e0b5365bd2871cb
Los perros debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños
Mc 7, 24-30

Ora sin descanso quien une la oración a los compromisos necesarios, y los compromisos a la oración.
Solamente podemos poner en práctica el precepto de orar siempre (Lc 18, 1) si consideramos toda la existencia cristiana como una única y gran oración, de la que eso que solemos llamar “oración” es tan solo una parte.

Orígenes, 185-254

Domingo V del Tiempo Ordinario

5-TOC-ev
Dejándolo todo, lo siguieron
Lc 5, 1-11

No me dejes dormir tranquilo
soñando en mi felicidad
y olvidándome de la ajena,
como si mi vida valiera más
que la vida de un pobre,
de un anciano o de un moribundo.
No toleres, Dios mío,
que mi alma llegue a ser tan raquítica
que solo quepa en ella
la pregunta de Caín:
¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano?

Ángel Sanz Arribas

Feliz domingo

Sábado IV del Tiempo Ordinario

sabado03
Andaban como ovejas que no tienen pastor
Mc 6, 30-34

La mayor enfermedad hoy en día
no es la lepra ni la tuberculosis,
sino más bien el sentirse no querido, no cuidado,
abandonado por todos.
El mayor mal es la falta de amor y caridad,
la terrible indiferencia hacia nuestro vecino
que vive al lado de la calle,
asaltado por la explotación,
corrupción, pobreza y enfermedad.

Agnes Gonxha Bojaxhiu​, 1910-1997
(santa Teresa de Calcuta)

Lunes IV del Tiempo Ordinario

000718_1

Jesús le preguntó: ¿Cómo te llamas?
Mc 5, 1-20

No nos llamas a iluminar las sombras con frágiles velas protegidas de los vientos con la palma de la mano.
Ni a ser puros espejos que reflejan luces ajenas, cotizadas estrellas dependientes de otros soles.
Tú nos ofreces ser luz desde dentro (Mt 5, 14), cuerpos encendidos con tu fuego inextinguible en la médula del hueso (Jr 20, 9), zarzas ardientes en las soledades del desierto (Ex 3,2), rescoldo de hogar que congrega a los amigos compartiendo pan y peces (Jn 21, 9).
Tú nos ofreces ser luz del pueblo (Is 42, 6), hogueras de Pentecostés en la persistente combustión de nuestros días encendidos por tu Espíritu, ser lumbre en ti, que eres luz, fundido inseparablemente nuestro fuego con tu fuego.

Benjamín González Buelta

4-frigiliana