Bautismo del Señor

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Tú eres mi Hijo amado
Lc 3, 15-22

En aquel amor inmenso
que de los tres procedía,
palabras de gran regalo
el Padre al Hijo decía,
de tan profundo deleite
que nadie las entendía;
solo el Hijo lo gozaba,
que es a quien pertenecía.
Pero aquello que se entiende,
de esta manera decía:
“Nada me contenta, Hijo,
fuera de tu compañía,
y si algo me contenta,
en ti mismo lo quería.
El que a ti más se parece
a mi más satisfacía,
y el que en nada te asemeja,
en mí nada hallaría.
En ti solo me he agradado,
¡oh vida de vida mía!
Eres lumbre de mi lumbre,
eres sabiduría,
figura de mi sustancia,
en quien me complacía.
Al que a ti te amare, Hijo,
a mí mismo le daría;
y el amor que en ti yo tengo,
ese mismo en él pondría,
en razón de haber amado
a quien yo tanto quería”.

Juan de Yepes Álvarez, 1542-1591
(san Juan de la Cruz)

Feliz último domingo de Navidad

Domingo. Bautismo del Señor

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Jesús fue bautizado; y, mientras oraba,
se abrieron los cielos
Lc 3, 15-22

El Bautismo del Señor, la fiesta que hoy celebramos, marca el comienzo de la vida pública de Jesús. No sabemos exactamente cuántos años tenía en ese momento. La tradición nos dice que unos treinta. En todo caso, parece ser que Jesús vivió unos cuantos años una vida escondida, sin manifestarse como el Mesías, sin hablar de su misión a los que se acercaban a él, sin diferenciarse en nada de otro judío más de los que vivían en Galilea en su tiempo.

Nosotros fuimos bautizados de recién nacidos. No fue fruto de nuestra decisión sino de la de nuestros padres. Pero nunca es tarde para pensar si realmente queremos asumir aquel bautismo como nuestro. Para decirlo de una forma simple: ¿Queremos ser de verdad cristianos? Porque no vale la pena quedarnos en la mera mediocridad. Tenemos que tomarnos nuestra vida en serio y no ser cristianos de domingo sino de todos los días y de todas las horas.

Feliz último domingo de Navidad

BAUTISMO DEL SEÑOR. CICLO C

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Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco

(Lc 3, 15-16. 21-22)

Todavía con la resaca de Navidad, del comienzo de año y de la Epifanía, y ya se nos presenta a Jesús tomando sus propias opciones.

En los versículos anteriores Lucas nos presenta a Juan anunciando un tiempo nuevo y aclarando que él no era el Mesías esperado. Jesús, como tantos israelitas, también escucha esta buena noticia por boca de Juan. También quiere Jesús participar de este cambio comenzando por el bautismo. Se mezcla con el pueblo, es uno más de tantos; también hace fila, también espera en el calor del desierto… ¿Y nosotras? ¿En qué nos toca esperar? ¿Cómo esperamos? ¿En qué situaciones optamos por ser una persona entre tantas?

Para Jesús, este momento está cargado de contenido, se da una íntima comunión con el Padre y con su Espíritu. En ese momento en el que Jesús está orando es cuando recibe la confirmación personal: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”.

El destinatario de ese mensaje es exclusivamente Jesús. Será más adelante en su vida cuando tres discípulos (Pedro, Santiago y Juan) escuchen esta misma frase, en el monte Tabor, al ser testigos de la Transfiguración de Jesús (Lc 9, 28-36). En esa ocasión se les pedirá que lo escuchen.

¿Y nosotras? ¿Hemos escuchado nuestro mensaje personal de parte de Dios? ¿Estamos atentas para escucharlo? ¿Nos sabemos sus hijos e hijas amadas?

Dios Trinidad se hace presente en este pasaje de forma palpable. También el Espíritu Santo, al que parece que es más difícil describir, aparece hoy en forma de paloma. Dios Trinidad se hace presente en la historia, también en la actualidad. Dios es comunión, una comunión a la que también estamos llamadas nosotras.

Oración
Trinidad Santa, que nuestras esperas sean oportunidades de comunión íntima contigo.

Fuente: Monjas Trinitarias del monasterio de Suesa

Sábado, después de Epifanía

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El amigo del esposo se alegra con la voz del esposo
Jn 3, 22-30

Navidad todo el año.
Cuando das de comer al hambriento, es Navidad.
Cuando ves un mal gesto y sonríes, es Navidad.
Cuando perdonas al que te ha ofendido, es Navidad.
Cuando saludas al que no te habla, es Navidad.
Cuando llamas hermano al extraño, es Navidad.
Cuando veas a Cristo en los demás, es Navidad.
Cuando buscas la justicia, la paz y el amor, es Navidad.
Que la Navidad perdure en nuestras vidas, a lo largo de todo el año.

Feliz Navidad

Viernes, después de Epifanía

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Quiero. ¡Queda limpio!
Lc 5, 12-16

Se estremeció todo tu cuerpo cuando viste al leproso y adivinaste lo que había detrás: una marginación salvaje.
¡Cuántas veces dejamos el amor en el baúl, cuando gritamos contra el orden injusto y queremos cambiar la sociedad!
¡Cuántas veces decimos “amor”, y nos mecemos en un sentimentalismo evanescente, sin lanzarnos a la acción!
Nos olvidamos de que tu corazón lloraba cuando decidiste tocar al leproso porque el amor te reventaba las venas.
Abriremos el corazón, pero no dejaremos de organizarnos, como tú mismo quieres, porque el amor es osado pero necesita caminos. Cómo nos enseñaste con tu nacimiento.
Pero antes cúranos de nuestra propia lepra.

Feliz Navidad

Jueves, después de Epifanía

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Hoy se ha cumplido esta Escritura
Lc 4, 14-22a

Paz, Señor, en cada rincón de la tierra, paz en las olas furiosas del mar, en las fuerzas que mueven los suelos, sembrando de angustia familias y hogar.

Paz, Señor, en cada rincón de las casas, que vuelva el amor a reinar, que se unan en torno a la mesa, olvidando rencillas… y hablar.

Paz, Señor, para los que tiene hambre, y consuelo en la enfermedad; esperanza en todos aquellos que aspiran a la libertad; compañía para tanta gente que solo convive con la soledad.

Cuantas cosas te pido, Dios mío: solo tú nos las podrás dar; yo tan solo me pongo en tus manos para ser mensajero de paz.

Feliz Navidad

Miércoles, después de Epifanía

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¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!
Mc 6, 45-52

Relaciones nuevas necesitan personas nuevas. ¿Como es posible convertirse en una persona nueva? Es posible en el Niño, es posible en Aquel que se ha hecho niño por nosotros.

En el Niño aprendemos a decir un nuevo “yo”: de hecho, es para mí por quien ha nacido. Soy yo el que es amado sin limites por Dios.

En el Niño aprendemos a decir un nuevo “tú”: de hecho, mi vida y la tuya son distintas en él y son una en él.

En el Niño aprendemos a decir un nuevo “él”: de hecho, con él podemos hablarle sin inhibiciones al Padre y del Padre.

En el Niño aprendemos a decir un nuevo “nosotros”: de hecho, en él encontramos el medio que nos une en un círculo compacto y amplio.

Feliz Navidad