Lunes II del Tiempo Ordinario

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El esposo está con ellos
Mc 2, 18-22

¡Oh si las almas gustasen
en su noche de la fe
del divino no sé qué,
y en él su amor
embriagasen!
¡Oh sublime no sé qué!
cuanto menos se te entiende,
cuando el alma no comprende,
tanto más dulce es la fe.
Todo me causa tristeza
si encuentro polvo del suelo,
fui creada para el cielo,
¡oh soberana grandeza!
Esto me dice la fe.
¿Qué quiero yo de la tierra?
Todo, todo lo que encierra
lo doy por mi no sé qué.
Quiero lo que no se ve,
aspiro hacia la hermosura,
que es mi amor y mi locura,
¡mi divino no sé qué!

María del Carmen Florencia Molleda Garcés, 1899-1976

Bautismo del Señor

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Tú eres mi Hijo amado
Lc 3, 15-22

En aquel amor inmenso
que de los tres procedía,
palabras de gran regalo
el Padre al Hijo decía,
de tan profundo deleite
que nadie las entendía;
solo el Hijo lo gozaba,
que es a quien pertenecía.
Pero aquello que se entiende,
de esta manera decía:
“Nada me contenta, Hijo,
fuera de tu compañía,
y si algo me contenta,
en ti mismo lo quería.
El que a ti más se parece
a mi más satisfacía,
y el que en nada te asemeja,
en mí nada hallaría.
En ti solo me he agradado,
¡oh vida de vida mía!
Eres lumbre de mi lumbre,
eres sabiduría,
figura de mi sustancia,
en quien me complacía.
Al que a ti te amare, Hijo,
a mí mismo le daría;
y el amor que en ti yo tengo,
ese mismo en él pondría,
en razón de haber amado
a quien yo tanto quería”.

Juan de Yepes Álvarez, 1542-1591
(san Juan de la Cruz)

Feliz último domingo de Navidad

Sábado, octava de Navidad

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Luz para alumbrar a las naciones
Lc 2, 22-35

Él no se queda en la puerta llamándote.
No sube al podium.
Viene a tu encuentro, viene hasta ti.

Ve a su encuentro,
ve al encuentro de Aquel para el que
no había sitio en ninguna posada.
Ve a su encuentro
hasta aquel lugar
que está entre tú y yo.
Ve a su encuentro
hasta ti mismo.

Feliz Navidad

 

Invierno…

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Llega el invierno. Espléndido dictado
me dan las lentas hojas
vestidas de silencio y amarillo.

Soy un libro de nieve,
una espaciosa mano, una pradera,
un círculo que espera,
pertenezco a la tierra y a su invierno.

Creció el rumor del mundo en el follaje,
ardió después el trigo constelado
por flores rojas como quemaduras,
luego llegó el otoño a establecer
la escritura del vino:
todo pasó, fue cielo pasajero
la copa del estío,
y se apagó la nube navegante.

Yo esperé en el balcón tan enlutado,
como ayer con las yedras de mi infancia,
que la tierra extendiera
sus alas en mi amor deshabitado.

Yo supe que la rosa caería
y el hueso del durazno transitorio
volvería a dormir y a germinar:
y me embriagué con la copa del aire
hasta que todo el mar se hizo nocturno
y el arrebol se convirtió en ceniza.

La tierra vive ahora
tranquilizando su interrogatorio,
extendida la piel de su silencio.

Yo vuelvo a ser ahora
el taciturno que llegó de lejos
envuelto en lluvia fría y en campanas:
debo a la muerte pura de la tierra
la voluntad de mis germinaciones.

Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, 1904-1973
(Pablo Neruda)

Viernes II de Adviento

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No escuchan ni a Juan ni al Hijo del hombre
Mt 11, 16-19

Más agrada a Dios una obra, por pequeña que sea,
hecha en escondido, no teniendo voluntad de que se sepa,
que mil hechas con gana de que las sepan los hombres.
El alma enamorada es alma blanda, mansa, humilde y paciente;
el alma dura en su propio amor se endurece.
Si tú amor, oh buen Jesús, no suavizas el alma,
siempre perseverará en su natural dureza.
A la tarde te examinaran en el amor;
aprende a amar a Dios como Dios quiere ser amado
y deja tu condición.

Juan de Yepes Álvarez , 1542-1591
(san Juan de la Cruz)

Lunes 26

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Si vivir solo es soñar,
hagamos el bien soñando.
Sueña que vives amando,
que es tu solo fin amar.
Y sueña que, sin cesar,
vas los bienes derramando.

Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo y Ordaz, 1870-1919
(Amado Nervo)

Vio un viuda pobre que echaba dos monedillas
Lc 21, 1-4

OTOÑO

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CANCIÓN OTOÑAL 
Noviembre de 1918 (Granada)

Hoy siento en el corazón
un vago temblor de estrellas,
pero mi senda se pierde
en el alma de la niebla.

La luz me troncha las alas
y el dolor de mi tristeza
va mojando los recuerdos
en la fuente de la idea.

Todas las rosas son blancas,
tan blancas como mi pena,
y no son las rosas blancas,
que ha nevado sobre ellas.
Antes tuvieron el iris.
También sobre el alma nieva.
La nieve del alma tiene
copos de besos y escenas
que se hundieron en la sombra
o en la luz del que las piensa.

La nieve cae de las rosas,
pero la del alma queda,
y la garra de los años
hace un sudario con ellas.

¿Se deshelará la nieve
cuando la muerte nos lleva?
¿O después habrá otra nieve
y otras rosas más perfectas?

¿Será la paz con nosotros
como Cristo nos enseña?
¿O nunca será posible
la solución del problema?

¿Y si el amor nos engaña?
¿Quién la vida nos alienta
si el crepúsculo nos hunde
en la verdadera ciencia
del Bien que quizá no exista,
y del Mal que late cerca?

¿Si la esperanza se apaga
y la Babel se comienza,
qué antorcha iluminará
los caminos en la Tierra?

¿Si el azul es un ensueño,
qué será de la inocencia?
¿Qué será del corazón
si el Amor no tiene flechas?

¿Si la muerte es la muerte,
qué será de los poetas
y de las cosas dormidas
que ya nadie las recuerda?
¡Oh sol de las esperanzas!
¡Agua clara! ¡Luna nueva!
¡Corazones de los niños!
¡Almas rudas de las piedras!
Hoy siento en el corazón
un vago temblor de estrellas
y todas las rosas son
tan blancas como mi pena.

Federico García Lorca, 1898-1936

A nuestro querido Nando
en el XII aniversario de su profesión perpetua.